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1. Triduo 2. Oración al Espíritu Santo 3. Vía lucis (Desarrollo) 4. Cantos para el Vía Lucis 5. Domingos de Mayo. 5.1. 3 de mayo 5.2. 10 de mayo 5.3. 17 de mayo 5.4. 24 de mayo 5.5. 31 Pentecostés |
| El Vía Lucis como preparación a la Venida del Espíritu Santo El Vía Lucis es la luz, de la alegría, de la paz y de la misión; es el certificado de la fe, la prueba de la esperanza y el camino de la caridad. Es una inspiración del sacerdote, que en paz descanse, José Luis Martín Descalzo. Nosotros ahora lo retomamos, gracias Ecclesia Digital y lo aplicamos a nuestra comunidad parroquial. Recorrido (Se reduce a cinco estaciones) Todos avanzan cantando. Al llegar a la estación se forma un semi círculo. El responsable anuncia la estación. Otra persona hace la lectura bíblica y el responsable la reflexión. Siempre se termina con el canto “Luz de Cristo” y todos responden: Demos gracias. Y de inmediato se avanza con un canto. Estaciones: ubicada en el parque del Rectorado. Resp. Fidencio Patiño Ubicado en la casa de la Señora Vecina. Resp. María Santos. Ubicada en la entrada al primer garaje parroquial. Resp. Fco. Lara Ubicado en la cancha deportiva. Resp. Carmen Rosa. Ubicado en el comedor parroquial. Resp. Josué Desarrollo: Terminada la misa de las 6 de la tarde, cuyo tema ha sido el Espíritu Santo y la Virgen María” en Lucas 1,34-38 se da inicio al Vía Lucis A los presentes, con tiempo, se les invitó y se les pidió que trajeran un farol con vela. Monitor: (en el centro del altar y con una vela apagada dice) Nosotros necesitamos la luz, porque esa luz es Cristo. El viernes santo experimentamos el dolor de la muerte de Cristo. El domingo de resurrección se apagaron los miedos y se encendieron las esperanzas. ¡Cristo ha resucitado! Verdaderamente ha resucitado. Ya por el camino de Emaús el Señor sorprendió a los discípulos que lo reconocieron al partir el pan. Hoy, nosotros, pedimos a Jesucristo que nos entregue al Espíritu Santo y para esperar este regalo iniciamos un camino de la luz para aclarar y disipar las dudas de la oscuridad y así aceptar al Espíritu que nos dará fuerza para el camino de la vida. Emprendamos este recorrido con ánimo de hermanos y compañeros de ruta. Coro: Luz de Cristo. Monitor: Va y enciende la vela en el cirio pascual y 10 perdonas previamente elegidas para que den luz a los presentes. Coro: canto de la luz Se inicia procesión. (Al tener todos los faroles encendidos) Responsable dice: I. Primera Estación: Jesús, resucitado, conquista la vida verdadera. Asistente: Lee la cita bíblica Mateo 28,1-6 Pasado el sábado, al rayar el alba el primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. De pronto se produjo un gran terremoto, pues el Ángel del Señor bajó del cielo y, acercándose, hizo rodar la piedra y se sentó encima de ella. Su aspecto era como el relámpago y su vestido blanco como la nieve. Los guardias, atemorizados ante él, se pusieron a temblar y se quedaron como muertos. El Ángel se dirigió a las mujeres y les dijo: No teman, pues sé que buscan a Jesús, el Crucificado; no está aquí, ha resucitado, como lo había dicho. Vengan y vean el lugar donde estaba. Palabra de Dios. Responsable: hace reflexión. El miedo había encerrado y enfriado los corazones de los discípulos. Pero unas mujeres aguerridas, desafiando el poder de las armas van hasta el sepulcro. Es allí donde se les revela la mejor noticia. Cristo está vivo. Y desde ahí la esperanza para todos. Entonces, no es la muerte el fin. No es el dolor quien manda. No es el enfrentamiento que vencerá. Es Dios con su amor inagotable que nos conduce al puerto seguro de la hermandad y la paz. Bien lo había dicho Jesús a Marta con ocasión de la muerte de su hermano Lázaro: “Yo soy la resurrección y la vida, aquel que crea en mi, aunque haya muerto vivirá” La Vida verdadera de la resurrección, no es por tanto, un volver a vivir la vida con fecha de caducidad en la que estamos. No es un volver a someternos a las fatigas de esta existencia: “Tal vez muchas personas rechazan hoy la fe simplemente porque la vida eterna no les parece algo deseable. En modo alguno quieren la vida eterna, sino la presente y, para esto, la fe en la vida eterna les parece más bien un obstáculo. El paso de una vida a otra es la resurrección, se asemeja a un parto. No es un paso de la nada al todo, ni del todo a la nada, no es un salto en el vacío. Como el bebe no surge de la nada, sino del feto que sale del vientre materno. La resurrección es más bien una transformación de una vida en otra debida al poder del Espíritu Santo. El Espíritu tiene el poder de transformarlo todo, de hacerlo todo nuevo. Del polvo de la tierra hizo surgir la vida, del cuerpo muerto del sepulcro hace surgir la vida eterna. El Espíritu, que Cristo en la cruz entregó al Padre, volvió sobre Él y transformó su cuerpo de muerto a vivo. La resurrección de Cristo es una acción en la que toda la Trinidad está implicada. El Bautismo es el comienzo, para nosotros, de esta Vida eterna. En el Bautismo el Espíritu nos transforma a imagen de Cristo por voluntad del Padre que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Así el Bautismo aparece como el comienzo de la resurrección, como una resurrección en germen. Por una parte, dejamos atrás el hombre viejo, el que vive la vida caduca. Y, por otra, al ponernos bajo el influjo del poder transformante del Espíritu, nos convertimos en hombres nuevos, como Cristo resucitado. Coro: Luz de Cristo. Todos: Demos gracias. Avanza la procesión Coro: Responsable dice: II. Estación. Jesús elige a una mujer como apóstol de sus apóstoles. Asistente lee una cita bíblica: Juan 20,11-18 “ Estaba María junto al sepulcro fuera llorando. Y mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro, y ve dos ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. Que le dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Ella les respondió: Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto. Dicho esto, se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Le dice Jesús: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dice: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré. Jesús le dice: María. Ella se vuelve y le dice Maestro. Jesús le dice: No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y su Dios. Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor” Responsable hace reflexión: Que grande era la tristeza de María que no solo había sufrido la perdida de su maestro sino que hasta su cuerpo se lo habían llevado. La soledad y la impotencia ante esta gran perdida traspasaba su corazón haciéndola que su mente se negase a aceptar algo que Jesús ya había anunciado: Que había resucitado. En su soledad no encuentra consuelo, y al contemplar a los dos ángeles, y después al ver al propio Jesús, al que no reconoce, su único deseo es que le devuelvan el cuerpo de Jesús, aferrándose al último vestigio que le quedaba de Él. Jesús la llama, y ella al oír su nombre su corazón brinca dentro de su pecho y transforma su pena en gozo, y se siente inundada por una gran luz y por esa vida nueva que Jesús resucitado le trae. Y salta de gozo y va a trasmitir esa buena noticia a sus hermanos que, tristes como ella, se habían quedado desolados ante la muerte del maestro. Y es que la experiencia de Jesús resucitado, trasforma por dentro y da vida a aquello que pudiera estar muerto, y se convierte en una alegría desbordante que no se puede contener, y que es necesario trasmitir y comunicar a los otros. Vivamos esa experiencia, y sintamos esa llamada personal de Jesús, que nos llama por nuestro nombre a cada uno de nosotros para hacernos sus testigos ante todos los hombres y mujeres de la tierra. Porque en Jesús resucitado, todo cobra sentido y un sentido nuevo y transformador que nos hace amarnos y tener el suficiente coraje para ser trasmisores de vida allí por donde vayamos. Coro: Luz de Cristo. Todos: Demos gracias. Coro: Avanza la procesión Responsable dice. III: Estación. Jesús muestra a los suyos su carne herida y gloriosa. Asistente lee cita bíblica: Juan 20 26-31 “ Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: La paz con ustedes. Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente. Tomás le contestó: Señor mío y Dios mío. Jesús le dijo: Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído. Jesús realizó en presencia de los discípulos otras muchas señales que no están escritas en este libro. Estas han sido escritas para que creamos que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengamos vida en su nombre” Responsable hace reflexión: Las llagas, las heridas, sí, las llagas y las heridas son la contraseña del Señor Resucitado. Son, sí, la prueba irrefutable de la cruz y de la gloria. Son, sí, el testimonio elocuente del amor, de la historia más grande del amor más grande. Todo cupo en la cruz. Todo había de caber en la gloria. Todo cupo y todo cabe en Quien ama y Quien, “habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” Desde la cruz y desde la gloria, no hay llagas y heridas separadas. Han de superar, sí, pero superar redención y esperanza. Son el certificado de la fe, la prueba de la esperanza, el camino de la caridad. Se parecen a nuestras llagas. Las llagas del dolor ante la enfermedad, el sufrimiento y el dolor por la perdida de un ser querido Sí, las llagas y las heridas del Señor, el del Viernes Santo y el del Domingo de Pascua, el del Calvario y el del Sepulcro vacío. Del Señor del tiempo y de la historia, alfa y omega, principio y fin, el amigo, el hermano, el hijo, el camino, la verdad, la vida, el buen pastor, el salvador, el redentor, el crucificado, el resucitado, el mismo y el distinto: el glorificado en sus llagas de amor. Hoy nos toca decir con Santo Tomás. Señor mío y Dios mío, porque son las muchas veces que nos cansamos de esperar y de esperar la acción de Dios y tenemos que gritarle, llamarlo y reconocer a Dios como camino, verdad y vida. Coro: Luz de Cristo. Todos: Demos gracias Coro: Avanza la procesión Responsable dice: IV Estación. Jesús anuncia que seguirá siempre con nosotros. Asistente lee cita bíblica: Mateo 28,16-20 “ Por su parte, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Y al verle le adoraron; algunos sin embargo dudaron. Jesús se acercó a ellos y les habló así: Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a guardar todo lo que yo les he mandado. Y he aquí que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” Responsable hace reflexión: “Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” Estoy en cada nueva primavera, en cada nueva flor que nace y alegra su vista. Estoy en todos los paisajes que contemplan cada nuevo día. Estoy con cada ser que nace y con el que no le dejan nacer, con el joven y con el que ya está casi agotado, por el peso de la vida. Estoy con cada madre que espera ilusionada la llegada de un nuevo hijo y estoy con cada una de las que no se sienten con fuerzas para dejar que nazca. Estoy con los que luchan por la vida y con los que se empeñan en eliminarla. Estoy con el que cree en Mí y con el que me rechaza, con el que quiere la paz y con el que quiere la guerra. Estoy con el que perdona y con el que odia, con aquél que lucha por el hombre y con quien lo desprecia. Estoy con todos ustedes, porque por todos sufro y a todos quiero, por todos entregué la vida y por todos resucité. “...Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” Pero sobre todo, estoy con todos los que ofrecen al hombre una palabra de esperanza, con los que van por el mundo predicando mi evangelio, llevando mi mensaje de amor. Estoy con los que quieren ser mis apóstoles y continúan mi tarea, predicando, viviendo el evangelio y celebrando los sacramentos. Estoy con todos los que siguen fieles a mi Palabra y la extienden por el mundo, aunque el hombre no la quiera oír. Con los que, aun con dudas, saben que yo estoy siempre con todos. Coro: Luz de Cristo. Todos: Demos gracias Coro: Avanza la procesión
Responsable dice: V Estación: Jesús sube a los cielos para abrirnos camino Asistente lee una cita bíblica: Hechos 1,6-11 “Los que estaban reunidos le preguntaron: Señor, ¿es en este momento cuando vas a restablecer el Reino de Israel? El les contestó: A ustedes no les toca conocer el tiempo y el momento que ha fijado el Padre con su autoridad, sino que recibirán la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra. Y dicho esto, fue levantado en presencia de ellos, y una nube le ocultó a sus ojos. Estando ellos mirando fijamente al cielo mientras se iba, se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco que les dijeron: «Galileos, ¿qué hacen ahí mirando al cielo? Este que se ha sido llevado, este mismo Jesús, vendrá así tal como le han visto subir al cielo” Responsable hace la reflexión: Cumplida su misión entre los hombres, Jesús asciende al cielo. Ha salido del Padre, ahora vuelve al Padre y está sentado a su derecha. Es una subida de mucha esperanza, pues va a prepararnos lugar para cada uno de nosotros. Dios nos espera. Dios nos aguarda para entregarnos, definitivamente, su amor que ha guardado para la eternidad. Subir para nosotros es sacrificarse, elevarse, apurarse y lograr metas y sueños. Desde la Pascua podemos decir que |
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